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Boletina No. 77

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Femicidio: cuando nos matan por ser mujeres

Femicidio: cuando nos matan por ser mujeres

 

En Nicaragua, sólo el año pasado 79 mujeres fueron asesinadas, la mayoría a manos de hombres con quienes tenían una relación cercana

 



 

                                          Julissa Blandón fue asesinada en mayo del 2009 por su marido en Estelí, Nicaragua.

                                                                                                   Foto: Cortesía Fundación entre Mujeres



Tania Montenegro

No era la primera vez que la maltrataba, pero fue la última. Una cadena de acero fue el arma con que José Alfredo Alaniz estranguló a su esposa Julissa Blandón el año pasado en Estelí. Ese día, con engaños la llevó al potrero de una comunidad cercana a la ciudad y la mató tras una discusión. Luego recostó el cuerpo en un árbol y se fue.

Cuando cinco días después el cadáver fue descubierto y el asesino capturado, su justificación fue que andaba “embrujado” y por eso no razonó cuando cometía el crimen. Eran pareja desde hacía ocho años y según contó la familia de Julissa a los medios, la violencia física y sicológica, la explotación económica de la joven, separaciones y reconciliaciones eran situaciones comunes en sus vidas.

Aunque claramente el hombre había planeado el crimen, el delito se calificó como parricidio, que es cuando un familiar cercano mata a otro a sabiendas del lazo que comparten. El clamor de la familia y de los grupos de mujeres era que reconocieran el delito como asesinato,  que se distingue por planificar el crimen con alevosía y se castiga con la pena máxima de 30 años de prisión y no con 20, como en parricidio.

Como era su primer delito, el hombre confesó y “colaboró con las autoridades”, fue condenado a sólo siete años y medio de cárcel, la mitad de la pena mínima por parricidio. La Fiscalía apeló y en noviembre consiguió la pena de 20 años. Este es uno de los pocos casos en que la justicia nicaragüense da una sentencia justa, consiguiendo que el asesino sea castigado.

Como Julissa, en Nicaragua el año pasado al menos 79 mujeres, en su mayoría, a manos de hombres con quienes tenían una relación cercana, según el monitoreo de  medios de la Red de Mujeres Contra la Violencia.

Desde el movimiento amplio de mujeres organizadas, muchas queremos que este delito tenga nombre propio y se llame femicidio/ feminicidio. Es urgente visibilizar el hecho de que el factor de riesgo para ser asesinadas comienza por ser mujer y esto atenta contra nuestros derechos humanos.

Se trata de muertes que no ocurren por casualidad, ya que sabemos que este tipo de crímenes no les ocurre a los hombres en las mismas dimensiones que a nosotras. “Aquí nos damos cuenta que la diferencia sexual se convierte en desigualdad social y hay una estructura que la sostiene”, nos argumenta Klemen Altamarino, de la Colectiva de Mujeres de Masaya.

“No es que pasaron por la calle y te atropellaron pues, está ligado a relaciones de poder entre hombres y mujeres. La muerte es lo más visible, pero es el final de una serie de diferentes tipos de violencia”, nos dice Geni Gómez, de la Red de Mujeres del Norte.

Esta es una problemática que vivimos muchas mujeres, no sólo de Nicaragua o Centroamérica, porque el machismo está presente en muchas culturas. No es casual que más de la mitad de muertes violentas de mujeres en el mundo sea cometida por las parejas masculinas actuales o anteriores, según el Informe Mundial sobre Violencia y Salud, de la Organización Mundial de la Salud.


¿Femicidio o feminicidio?

Desde hace algunos años venimos escuchando las palabras femicidio/ feminicidio para referirse a mujeres asesinadas, principalmente de Ciudad Juárez, en la frontera mexicana, Guatemala y otros países.

Aunque no hay un acuerdo sobre el uso de las palabras y son conceptos todavía en construcción, en Nicaragua muchas mujeres organizadas utilizamos ambos términos, aunque  no hayan sido reconocidos legalmente en nuestro país. También hay quienes prefieren no entrar en una discusión teórica o lingüística y hablar únicamente de femicidio para no confundirnos.

Para la Organización de las Naciones Unidas, el femicidio es “el asesinato de mujeres como resultado extremo de la violencia de género, que ocurre tanto en el ámbito privado como público y, comprende aquellas muertes de mujeres a manos de sus parejas, ex parejas o familiares, asesinadas por acosadores, agresores sexuales y/o violadores, así como aquellas que trataron de evitar la muerte de otra mujer y quedaron atrapadas en la acción femicida”.

La violencia de género incluye todos los actos mediante los cuales se discrimina, ignora, somete y subordina a las mujeres en los diferentes aspectos de la vida. Es todo ataque material y simbólico que afecta nuestra libertad, dignidad, seguridad, intimidad e integridad moral o física. 

“El feminicidio es la forma más extrema de este tipo de violencia ejercida por los hombres contra nosotras en su deseo de obtener poder, dominación o control. Toda muerte de una mujer vinculada a violencia es feminicidio, sea una bebé o una mujer adulta”, nos explica la abogada Virginia Meneses, de la Red de Mujeres Contra la Violencia, RMCV.

Virginia aclara que la RMCV y algunos grupos usan el término feminicidio para hablar en general del crimen que termina con la vida de las mujeres por razones asociadas a nuestro género y en donde el Estado es indiferente y favorece la impunidad.

“Hay un Estado feminicida cuando no crea condiciones de seguridad para la vida de las mujeres en la casa, comunidad, espacios de trabajo o de tránsito. Más aun, cuando las autoridades no realizan con eficiencia sus funciones. Por eso el feminicidio es  un crimen de Estado”, nos explica.

El feminicidio puede expresarse en abuso físico y sicológico, violación, tortura, esclavitud sexual, incesto,  violencia  sexual que  termine con la  muerte y hasta suicidio vinculado a  la violencia masculina, nos aclara Virginia.

Y agrega que también es feminicidio cuando los crímenes ocurren sin castigo y es precisamente la impunidad de las agresiones cotidianas o de una violencia continuada, no atender y proteger a las víctimas, lo que aumenta el poder del agresor y le permite llegar hasta el asesinato.


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Tipos de femicidio


El concepto de femicidio fue usado por primera vez en 1992 por Diana Russell y Jill Radford, autoras del libro Femicidio: La política del asesinato de mujeres. Estas definiciones están basadas en su propuesta:


Femicidio íntimo: Asesinatos cometidos por hombres con quien la víctima tenía o tuvo una relación íntima, familiar, de convivencia o afines a éstas.


Femicidio no íntimo: Asesinatos cometidos por hombres con quienes la víctima no tenía relaciones íntimas, familiares, de convivencia o afines a éstas. Frecuentemente involucra el ataque sexual de la víctima.


Femicidio por conexión: Es cuando las mujeres son asesinadas "en la línea de fuego" de un hombre tratando de matar a una mujer. Este es el caso de mujeres parientes, niñas u otras mujeres que trataron de intervenir o que simplemente fueron atrapadas en la acción del femicida.

Fuente: Femicidio en Costa Rica: balance mortal, de Ana Carcedo y Monserrat Sagot,  Costa Rica, 2002.
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Porqué se da

“El hecho que la sociedad enaltezca a los hombres y les dé poder sobre las mujeres es el caldo de cultivo, el origen cultural para que se dé la violencia en nuestra contra, eso no se da contra hombres”, nos explica Virginia.

“Nos matan porque consideran que somos de su propiedad, lo justifican pensando porque es mía, porque no hace lo que quiero, porque se fue con otro, por cualquier cosa que justifique que no está bajo su dominio y eso le da autoridad y razón para matarla”, nos explica Geni, de Matagalpa.  No en vano una excusa para matar es “sos mía o de nadie”, eso se agrava en países como el nuestro, donde la violencia es un medio común para resolver cualquier conflicto.

En nuestra sociedad a mujeres y hombres nos educan de forma distinta. A ellos se les enseña a ser fuertes, independientes, agresivos, poderosos y violentos. A nosotras que tenemos que ser sumisas, calladas, obedientes, educadas y serviciales, especialmente con los hombres.

Así, los varones crecen creyendo que son superiores y mandan, y nosotras que para ser aprobadas, hay que obedecer y ubicarse en función de los hombres. “Tiene que ver con la expropiación de nuestros cuerpos y vidas”, nos dice Virginia.


El cuadro de horror en Nicaragua


En los últimos cinco  años, en Nicaragua han sido asesinadas 337 mujeres de diferentes edades a manos de hombres cercanos a su entorno social y afectivo, según datos extraídos de medios nacionales por la Red de Mujeres Contra la Violencia, RMCV.

La RMCV confirma que sólo en el 2009, la mayoría de las 79 mujeres asesinadas tenía entre 31 y 40 años, seguidas del grupo de edad de 21 a 30 y a continuación mujeres de la tercera edad; aunque también hay excepciones, como la de una bebé de tres meses asesinada a golpes.

El panorama se vuelve más doloroso cuando se comprueba que casi la mitad de los agresores eran hombres conocidos: enamorados, compañeros o ex compañeros de trabajo,  ex vecinos, delincuentes del barrio, seguidos de los esposos. El escenario del crimen: el hogar, seguido de la calle y centros de recreación.

Casi la mitad de las mujeres fue asesinada con armas de fuego y les dispararon a la cabeza y el corazón. Luego le siguen el uso de la fuerza física y de armas cortopunzantes como cuchillos, machetes y hachas para cortar y apuñalar. En las circunstancias de los asesinatos primero hubo  violencia sexual y  luego la muerte, desmembrando sus cuerpos y enterrándolas. También hubo golpes, tortura, envenenamiento y ahorcamiento, reporta la RMCV.

Las razones que dieron los agresores fueron: celos, infidelidad, no aceptar una nueva relación o no volver, negarse a tener relaciones sexuales y por venganza; todas son justificaciones absurdas de los hombres basadas en la idea equivocada de que nuestros cuerpo y  vida les pertenecen. 

Managua, Matagalpa y la Región Autónoma del Atlántico Sur encabezan la lista de femicidios por departamento. Según el monitoreo de la RMCV, la mitad de los agresores está prófuga de la justicia y la otra mitad está dividida entre los que esperan juicio y los que la Policía ni siquiera tiene sospechosos del crimen.

El problema no sólo es de nuestro país, como bien estima el Informe de Desarrollo Humano de Centroamérica 2009-2010, pues “dos de de cada tres mujeres asesinadas en la región mueren por razón de su género”.


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Temas pendientes


En un conversatorio sobre femicidio/ feminicidio realizado por la Red de Mujeres Contra la Violencia a finales del año pasado, se juntaron la ex fiscal adjunta María Lourdes Bolaños, Klemen Altamirano de la Colectiva de Mujeres de Masaya y Deborah Grandison, Procuradora de la Mujer. A continuación, algunos de los puntos que tocaron:

“Al no sancionar ni prevenir el femicidio, se alienta y anima a que se sigan cometiendo crímenes. Si no le ponemos nombre a la problemática, no vamos a hacer nada. En Nicaragua el Código Penal no reconoce el femicidio como un delito”, nos dice Klemen Altamirano. Y agrega que una limitante actual es que se desmontaron propuestas consensuadas entre el Estado y el movimiento de mujeres, por ejemplo el Plan Nacional contra la violencia. Tampoco hay un registro de los casos ni las circunstancias en que ocurren estos crímenes.

Efectivamente hay una vinculación directa entre un ambiente de violencia generalizada que obedece a una cultura machista y la muerte de la mujer, nos dice Deborah Grandison. “Hasta la delincuencia nos escoge porque circulan esas ideas de que somos débiles, delicadas”.

Deborah admite que desde el Estado, el femicidio es un tema pendiente y apoya la propuesta de tipificarlo como delito. También reconoce que se deben hacer cumplir los compromisos asumidos al ratificar la convención Belem Do Pará, los convenios internacionales y leyes nacionales que nos protejan de la violencia, además de reforzar las instituciones que atienden la problemática.

María Lourdes sugiere que  se tipifique el femicidio como un delito de lesa humanidad, porque hay que verlo “como un delito continuo donde el factor de riesgo es ser mujer, y la impunidad comienza no con la muerte sino desde que nacemos. Hay que proteger el bien jurídico que es la vida, en este caso del género humano femenino”, nos enfatiza. 

La Red de Mujeres del Norte ha utilizado una estrategia efectiva, nos cuenta Geni Gómez. “Hay que presionar a la Policía para que se mueva y capture en primer lugar, que sepan que hay gente detrás de ese caso. Además hay que hacer presencia visible con marchas o plantones en audiencias y juicios. Es muy importante que la gente más cercana a la víctima se movilice y busque apoyo en su comunidad, localidad y centros de mujeres”, nos recomienda Geni.

 “Con estas movilizaciones, la gente va tomando más conciencia y piensa que esto no puede seguir sucediendo y algo hay que hacer. Es una responsabilidad compartida. Nosotras cuestionamos la impunidad de las instituciones, pero también de la impunidad social por cómo se justifica la violencia contra las mujeres”, nos dice Geni un poco indignada.

En realidad, es un hecho que la presión popular da resultados en algunos casos. Lo demostraron la familia de Julissa Blandón y organizaciones como la Fundación Entre Mujeres de Estelí, consiguiendo con sus airosas protestas que se hiciera justicia. Por eso es importante que alcemos la voz: ¡No queremos ni una mujer menos, no merecemos ni una muerte más!

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Rompiendo el silencio

Si estás viviendo violencia, buscar ayuda puede ser el primer paso para salir de esa situación. Acudir a un centro de mujeres es una buena salida para encontrar apoyo. En Nicaragua existe la Red de Mujeres contra la Violencia y una Alianza de Centros especializados que apoyan a mujeres que quieren salir de la violencia. En La Boletina 76 te entregamos un directorio con centros de mujeres y comisarías por departamento. Acá te ponemos esta dirección para descargar el archivo desde Internet.


http://www.puntos.org.ni/boletina/articulos/donde_buscar_ayuda.pdf
 


 

Fuentes documentales:
• Femicidio en Costa Rica: balance mortal, de Ana Carcedo y Monserrat Sagot, 2002.
• El Estado del Arte de la Violencia intrafamiliar y sexual de Nicaragua.  PNUD, Policía Nacional y Dirección de Comisarías de la Mujer y la Niñez, 2009.
• Investigando la violencia contra las mujeres, Mary Ellsberg y Lori Heise, OMS-PATH 2007, (traducido al español por Alianza InterCambios).
• Informe de Desarrollo Humano de Centroamérica 2009-2010, PNUD.
• Quiero volar. Relaciones de noviazgo sin violencia. Sheyla Vega, Rubén Reyes y Patricio Welsh. Puntos de Encuentro, Managua, 2009
• El pecado de nacer mujer, informe sobre los femicidios en El Salvador, Ormusa, 2009.
• Notas de prensa de la RMCV y boletines con informe semestral y anual sobre femicidio.
• Noticias de Sucesos de El Nuevo Diario.


 


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