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Desde la remota antigüedad a las mujeres nos dejaron al margen de la historia oficial, escrita por y para los hombres. Esta historia falseada nos ha vuelto invisibles, nos dejó huérfanas de nuestro pasado. Para reescribir la historia desde el punto de vista de las mujeres, aprender a valorarnos y a confiar en nuestra capacidad, necesitamos tener conciencia de nuestra historia personal, colectiva y la del movimiento. Para esto es preciso saber de dónde venimos, quiénes eran las mujeres anteriores a nosotras, aquellas que con sus acciones contribuyeron a la lucha por la equidad de género. Estas mujeres memorables son nuestras ancesteras. En esta sección vamos a hablar de ellas: sus vidas, sus luchas, sus contradicciones, sus victorias.
A menudo ocurre que el aporte de las mujeres a la política, la ciencia y el arte queda invisibilizado y olvidado, pero a veces los logros de una son tan grandes que no hay manera de ignorarlos. Pero de todos modos, lo que le dan a conocer a la gente es una imagen incompleta, a la cual le han quitado partes que contradicen a la creencia tradicional de cómo debemos de ser las mujeres.
Eso fue lo que ocurrió con doña Josefa Toledo de Aguerri. Mucha gente la conoce sólo como una maestra de generaciones, pero se habla muy poco de que ella fue una de las primeras feministas nicaragüenses.
Se definía a sí misma como feminista y se sentía orgullosa de serlo. Incluso escribió en uno de sus artículos que "el primer feminista fue Dios". Ahora todos la elogian y dicen que era una mujer intachable, pero en su época la acusaban de sinvergüenza y destructora de valores morales, porque Josefa Toledo no creía que las mujeres nacían sólo para ser amas de casa.
La vida de Josefa Emilia Toledo Murillo fue larga, interesante y a ratos, bastante difícil. Nació en Juigalpa, Chontales, el 21 de abril de 1866. Su padre era comerciante y ganadero, pero falleció de repente cuando la niña tenía apenas tres años. Con esta muerte el bienestar económico de la familia se vino abajo. La madre de Chepita tuvo que trabajar duro para mantener a sus cuatro hijos. La muchacha creció en un ambiente de sacrificios y esfuerzos. Tal vez de allí nació su convicción de que las mujeres debían tener preparación para poder valerse por sí mismas. Ahora muchas personas ya están de acuerdo con esta idea, pero en el siglo pasado la cosa era distinta. Las mujeres rara vez avanzaban en sus estudios más allá de las primeras letras.
De niña, Chepita era traviesa y no le gustaban para nada los estudios. A los siete años todavía no sabía leer, porque la forma de enseñar en aquel tiempo era muy aburrida. Haciendo un gran esfuerzo, su mamá la envió a Masaya, adonde la conocida maestra Paulina Vega, bondadosa y paciente. Ella al fin logró que la chavalita se interesara en las clases. Al completar el tercer grado de Primaria, que en ese entonces era lo máximo para las mujeres, Josefa Emilia regresó a Juigalpa. Allí se dedicaba a los quehaceres domésticos y leía todo lo que caía en sus manos: novenas, oraciones, libros de santos... Por mera casualidad encontró un folleto sobre el Colegio de Señoritas de Granada y declaró a su madre que quería ser maestra.
La chontaleña pudo
Vale la pena recordar que en aquella época en Nicaragua no existían maestras graduadas. El Colegio de Señoritas de Granada fue fundado en 1882 por el Gobierno precisamente para preparar a primeras profesoras y era un centro educativo de gran prestigio. La mamá de Josefa Toledo no tenía dinero para costear estos estudios, pero logró conseguir una beca para su hija. En 1883 Chepita ingresó al colegio. El caso de Josefa Toledo demuestra la importancia de la comprensión y el apoyo de la familia. Si doña Engracia Murillo, su madre, no hubiera respetado y apoyado la decisión de la hija, que sólo tenía 15 años, Nicaragua tal vez hubiese perdido a su más ilustre maestra. La mayoría de las estudiantes del colegio eran muchachas ricas, originarias de Granada. Al comienzo ellas discriminaban a Josefa porque ella era de "tierra adentro". Pero la chica se sentía orgullosa de su origen y les contestaba: "Sí, soy de Chontales. Ya verán cómo puede esta chontaleñita".
Muy pronto se convirtió en la mejor alumna y en 1887 se graduó con honores. Tan excelente era que sus profesoras recomendaron a la Junta de Padres de Familia incorporarla al personal docente del colegio. A los 21 años Josefa inició su larga carrera magisterial. Cuatro años después fue nombrada directora del Colegio de Señoritas de Granada.
El trabajo y la familia
En 1897 se hizo cargo del recién fundado Colegio de Señoritas de Managua. En 1900, cuando ya tenía 34 años, se casó con el español Juan Francisco Aguerri. Fue un amor repentino e intenso, como en las telenovelas. Después de la boda, Josefa dejó la enseñanza y se dedicó a su familia. Crió a sus dos hijas, Inés y Esperanza y también se hizo cargo de dos varones hijos de su marido. Suficiente ocupación tenía con eso, pero era maestra nata, no se hallaba sin su trabajo. Enseñó a leer hasta al chavalito que llegaba a su casa a dejar la leche.
Entonces, cuando el Gobierno invitó a doña Josefa para que organizara y dirigiera la Escuela Normal de Señoritas de Managua, ella dijo que sí. Al inicio su esposo no estaba muy de acuerdo, pero Chepita logró convencerlo. Incluso hoy en día hacer estas negociaciones no es nada fácil y a inicios del siglo XX era todavía más complicado. Muy pocas mujeres trabajaban fuera de su casa, y menos si estaban casadas. Sin embargo, Josefa Toledo tenía talento para negociar con su pareja, con gran dignidad y respeto mutuo. En 1910, a raíz del cambio de gobierno, fue destituida de su cargo por razones políticas. No se amedrentó y en 1912 fundó el nuevo Colegio de Señoritas de Managua.
Una lideresa feminista
Josefa Toledo encabezaba las luchas feministas de su tiempo. Pensaba que era justo que las mujeres tuviéramos los mismos derechos que los varones: que pudiéramos estudiar, trabajar, ganarnos la vida, ser profesionales, votar en las elecciones, participar en política, ocupar cargos de dirección... Ahora muchos de estos derechos ya forman parte de nuestra realidad y sentimos que esto es natural, pero a comienzos del siglo XX las feministas nicaragüenses tuvieron que luchar duro por todas estas reivindicaciones.
Josefa Toledo hizo un gran aporte a estas luchas. El colegio dirigido por ella era el único donde las mujeres podían obtener su bachillerato, para luego ingresar a la universidad. Elba Ochomogo, la primera nicaragüense que concluyó sus estudios universitarios, graduándose como farmaceuta, fue alumna de doña Chepita. También preparó a Concepción Palacios Herrera, la primera nica que llegó a ser Doctora en Medicina. Además, doña Chepita no era, como se dice, candil en la calle, oscuridad en la casa: una de sus hijas se graduó de bacterióloga. Por más de 50 años doña Chepita luchó porque las nicaragüenses tuviéramos derecho al voto, convenciendo a la sociedad y a las autoridades de que las mujeres somos capaces de ser ciudadanas. Josefa Toledo ponía tanto empeño en sus labores que en una ocasión su esposo comentó: "Si los afanes que pone para la cultura del país se pusieran en beneficio de los intereses propios, seríamos muy ricos".
Doña Chepita formaba parte de varias organizaciones feministas internacionales de su época. En 1918, reuniendo para una de ellas información sobre la niñez nicaragüense, descubrió que de cada 600 bebés nacidos, fallecían 500. Se propuso "hacer algo" y organizó una Sala-cuna, donde las mujeres trabajadoras podían dejar a sus hijas e hijos durante la jornada laboral. Ahora eso es de lo más normal, pero los sectores conservadores de la Iglesia católica acusaron a las mujeres que apoyaban la iniciativa de "inmorales", y la más criticada era Josefa Toledo. Una vez, cuando le preguntaron si ella ha sufrido persecución por ser feminista, contestó que su lucha era como viajar en lancha por un mar violento: las olas no se ven, pero los tumbos se sienten.
Incansable luchadora
Buscando la manera de divulgar las ideas feministas, en 1918 doña Chepita fundó la Revista Femenina Ilustrada. Su lema era "Todo para la mujer". Este medio de comunicación impulsaba campañas a favor del derecho de las mujeres a la educación y al voto y defendía la necesidad de brindar a ellas una educación sexual científica para promover la maternidad consciente y responsable. Años más tarde, en 1929-30, estuvo publicando otra revista, Mujer nicaragüense, que abordaba los mismos temas.
En 1924 Josefa Toledo fue nombrada Directora General de Instrucción Pública. Por primera vez en la historia de Nicaragua una mujer accedió a tan alto cargo público. Pero no duró mucho allí, la quitaron porque era muy independiente y cuestionadora. Escribió y publicó varios libros sobre la enseñanza, historia y la cultura de Nicaragua. Eran tan buenos que alguna gente empezó a decir que ella no era autora de aquellas obras, sino que pagaba a escritores varones. Sólo eran inventos de las personas que no confiaban en la capacidad de las mujeres. Ahora sus escritos casi no se conocen porque no se reeditan desde los años 20 y 30.
Respeto a la diversidad
Doña Chepita creía que a las mujeres no debían dividirnos las diferencias de raza, de clase o de religión. Era católica, pero respetaba otras creencias. Siendo una persona de alta posición social, trataba con mucha consideración a las mujeres trabajadoras y defendía sus derechos. Era liberal porque creía que los seres humanos estamos hechos para la libertad y no por conveniencia personal. Trabajó bajo diez Gobiernos, pero con ninguno fue servil.
Respetaba la diversidad étnica y cultural de Nicaragua, incluyendo la Costa Caribe. Sus alumnas aprendían a tejer el Palo de Mayo. Cuando en 1938 a su escuela llegó Coralia Chabrol, la única estudiante costeña, doña Chepita la atendió de manera especial para facilitar su integración al colectivo de alumnas. Decía que cada persona vale por lo que tiene en su cerebro y su corazón y no por el color de su piel o la calidad de su ropa. No llegó a tomar consciencia de los derechos de las lesbianas y los homosexuales, pero ya sería demasiado pedir para su tiempo. Doña Chepita promovió muchas cosas novedosas que ahora se están retomando. Por ejemplo, ella estaba muy clara de la necesidad de proteger el medio ambiente cuando nadie se interesaba por este problema. Sus estudiantes sembraban y cuidaban árboles en toda Managua.
El verdadero legado
En 1938 la Maestra de Maestras asumió la dirección de la recién inaugurada Normal Central de Señoritas de Managua, que digirió hasta 1947, año en que se retiró de las labores educativas. En 1950, en reconocimiento de sus méritos, fue designada Mujer de las Américas. Hasta la fecha es la única nicaragüense que obtuvo este honor. Falleció en Managua el 28 de marzo de 1962, a los 95 años de edad.
Las personas que la conocieron cuentan que era una mujer de carácter firme. Sabía escuchar y también sabía mandar. Nunca gritaba ni perdía la compostura. Era muy seria, pero tenía gran sentido del humor y antes que nada, una enorme dignidad. Durante toda su vida trabajó sin descanso por los derechos de las mujeres. Como vivió casi 100 años, vio muchos cambios en la situación de las mujeres con sus propios ojos y estaba segura de que la transformación iba a continuar. Por eso dijo en su libro "Anhelos y esfuerzos": "El feminismo avanza ahora triunfal, firme, imponente". Hoy es conocida únicamente como una excelente maestra, respetable dama de cabellos blancos. Pero la verdad es que era una gran luchadora por los derechos de las mujeres, una de las fundadoras del feminismo en Nicaragua. Esta es la verdadera doña Chepita.
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