Orgullosas de nuestras raíces
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Chavalas indígenas y afrodescendientes vencemos la discriminación

 

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 Gloria Palacios

 

En septiembre, cuando en Nicaragua y Centroamérica celebramos los días patrios escuchamos decir que “sentimos orgullo de nuestra identidad”, queriendo dar a entender que nos gusta y nos sentimos orgullosos del país donde nacimos, de nuestras costumbres y tradiciones.

 

Pero hablar de identidad es esto y más; es el conjunto de rasgos propios de una persona o de un grupo o colectivo que las caracterizan frente a los demás. Es la conciencia que cada persona tiene de ser ella misma y distinta a las demás.

 

La identidad de una persona se compone de muchísimos elementos, y algunos de ellos tienen que ver con su origen étnico: los rasgos físicos, el color de la piel, la forma de ver el mundo, el idioma que habla, la ropa que usa, las comidas que prefiere.

 

¿Qué es una etnia?

 

Es una comunidad humana definida por semejanzas de su raza, lengua, cultura, entre otras características propias; no es lo mismo que nacionalidad.

 

En todos los países conviven varias etnias, en Nicaragua, por ejemplo, hay personas mestizas y de etnias indígenas y afrodescendientes: miskitus, mayangnas, ramas, ulwas, creoles, garífunas… Por eso somos un Estado multiétnico, es decir, de muchas etnias, al igual que ocurre en el resto de países de Centroamérica como Guatemala.

 

Todas las personas, sin importar a qué etnia pertenezcamos, somos iguales ante la ley. Sin embargo, sucede que por ser parte de pueblos indígenas o afrodescendientes vivimos discriminación.

 

Y cuando sos mujer e indígena o afrodescendiente, la discriminación es peor. Conozcamos cómo la viven yIsayana_Sandino qué están haciendo para superarla tres grupos de chavalas de Nicaragua y Guatemala.

 

Lo que vivimos

 

“Vengo de El Túnel, una comunidad rural del departamento de Masaya en Nicaragua. Me considero una chavala indígena que desciende de chorotegas. Antes me daba pena decirlo. Cuando fui a la escuela empecé a vivir discriminación, recuerdo que se burlaban de mí, murmuraban que no se me acercaran, porque se les iba a pegar mi deje, es decir, mi forma de hablar. No sabía cómo enfrentarlo”, nos relata Isayana Sandino Alemán, de 17 años y miembra del Grupo de Mujeres Xitlali.

 

Elena_Caal_2La discriminación no tiene fronteras. Así lo confirman jóvenes de Guatemala que nos cuentan cómo lo viven ellas. “A pesar de que nuestro país promueve que somos una nación indígena, en la vida real a las mujeres que usamos traje típico y hablamos nuestro idioma materno nos discriminan en la calle, en los buses y en los mercados, sobre todo en las instituciones del Estado como los centros de salud, las escuelas, las municipalidades, nos dice Elena Caal, líder de la Red de Jóvenes Qeqchi. “En esos lugares no somos atendidas por ser mujeres indígenas”, denuncia la joven de Veracruz, Guatemala.

 

“Por mi parte me he dado cuenta de que otras etnias han tenido más oportunidades que laslidia_trigueo afrodescendientes”, nos comenta Lidia Trigueños de la Asociación de Mujeres Afroguatemaltecas Afroamérica XXI. “Por nuestro color de piel y rasgos físicos, nos han visto como objetos sexuales, creen que solo servimos para bailar, que no sabemos nada”, dice indignada Lidia.

 

Orgullosas de sus orígenes

 

La discriminación provoca que nos sintamos achumicadas porque deteriora nuestra autoestima. Chavalas organizadas están cambiando han empezado a crear espacios para apoyarse entre ellas y reflexionar al respecto.

 

“Antes todo esto me ponía triste, pero desde que empecé a organizarme y a recibir talleres de capacitación sobre el valor que tiene nuestra identidad étnica descubrí que tenía derecho a ser distinta y que nadie me puede humillar o lastimar por ser lo que soy”, nos relata Isayana.

 

“Ahora veo lo positivo de mi origen, por ejemplo, les conté a mis compañeras y compañeros de clase que mi comunidad llamada El Túnel es bonita, que es un sitio histórico, porque allí pasaba el tren que recorría Nicaragua. Los que antes se burlaban de mí ahora se emocionan por conocer mi casa y mi comunidad, y quieren que les lleve al túnel por donde antes pasaba el tren”, nos cuenta con una gran sonrisa.

 

Por sus derechos

 

En Veracruz de Guatemala, Elena Caal nos cuenta que las chavalas indígenas están elaborando propuestas para hacer cambios en la sociedad. “Creamos la Red de Jóvenes Qeqchi, conformada por 60 chavalas de distintas comunidades”, señala con orgullo.

 

En su país una de las situaciones que más les afecta es que las tierras de las etnias están siendo vendidas para instalar negocios a grandes empresas extranjeras.

 

“Nos hemos sumado a las luchas por la defensa de nuestro territorio y la recuperación de la tierra que por derecho ancestral nos corresponde”, dice Elena. “Defendemos nuestra vida y de las futuras generaciones, ya que nuestra tierra está siendo amenazada por las actividades mineras, petroleras, hidroeléctricas, la expansión de la palma africana y la caña de azúcar, entre otras”, denuncia la joven líder.

 
Garífunas y afrodescendientes estamos vivas

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En Izabal, otra ciudad de Guatemala, las chavalas conformaron la Asociación de Mujeres Afroguatemaltecas Afroamérica XXI. Ellas realizan manifestaciones y están luchando para que toda la sociedad, incluyendo a los Gobiernos, reconozcan que existen las mujeres garífunas y afrodescendientes y que se debe mejorar sus condiciones de vida.

 

Lidia Trigueños, líder de esta asociación, nos contó que de cada 100 personas guatemaltecas, nueve son afrodescendientes o garífuna y de ese total, cinco son mujeres. Ellas se han sumado a la demanda para ser incluidas en la toma de decisiones importantes para su país, que se abran espacios políticos para influir en los programas de educación. “queremos que en las instituciones gubernamentales haya representantes garífunas para defender nuestros derechos”, nos explica Lidia.

 

Llenando el cielo de estrellas

 

Xitlali significa diosa de las estrellas en el idioma náhuatl. Así nombraron al grupo que formaron hace dos años con chavalas de las comarcas de El Túnel, Monimbó, Los Positos, La Curva, Niquinohomo, San Juan de Oriente y la Olla de Barro, del departamento de Masaya.

 

Jenny_Lpez“Defendemos nuestra identidad indígena desde nuestra visión de mujeres jóvenes”, nos comparte Jenny López, sicóloga y coordinadora del grupo, al recordar que la iniciativa la tomó con una amiga que es comunicadora social.

 

“Queríamos hacer algo por las chavalas de El Túnel, donde viví desde chiquita. Allí se encuentra el vertedero o basurero municipal, carece de agua potable, los caminos son de tierra y hay muchas niñas y jóvenes que viven violencia, abuso sexual y explotación económica”, nos cuenta Jenny.

 

Para vivir mejor

 

Algunas de las chavalas de la comunidad se dedican a la recolección de basura para subsistir. Además, desde pequeñas se le dan tareas como lavar, planchar, limpiar, cocinar y atender a sus hermanos mayores. En una ocasión se realizó un censo en esa comarca, algunas chavalas respondieron que no creían que su realidad pudiese cambiar. Esto fue una de las cosas que impulsó a Jenny a actuar.

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“Era necesario cambiar las cosas, por eso hicimos capacitaciones sobre autoestima, sexualidad, prevención del embarazo, noviazgo, género, violencia contra la mujer, abuso sexual y cómo vencer la discriminación y defender nuestra identidad indígena chorotega”, nos explica Karelia Altamirano, otra sicóloga y miembra de Xitlali.

 

“Hemos logrado integrar a varias jóvenes de las comunidades de Masaya a través del apoyo de nuestra amiga Xóchilt Nicaragua que trabaja con chavalas de los Pueblos Blancos, a como se llama a los municipios de Masaya”, nos cuenta Francis Montenegro, comunicadora social de la organización.

 

Somos muchas

 

En Xitlali hay 30 chavalas organizadas entre 15 y 27 años de edad, algunas solteras y otras casadas, con o sin hijas. Desean aliarse con otras organizaciones de mujeres y lograr que las municipalidades se interesen por las jóvenes indígenas de toda Masaya, nos dice Jenny López.

 

“Al inicio asumíamos todos los gastos, pero ahora contamos con el apoyo del Fondo Centroamericano de Mujeres. Hasta participamos en un evento internacional, un intercambio con chavalas de otros grupos étnicos de Centroamérica, fue una gran experiencia”, nos cuenta orgullosa Jenny.

 

En resistencia

 

“Nuestra propuesta política es visibilizar la participación y las formas de organización de las mujeres jóvenes indígenas en todos los espacios. Nos hemos organizado para defender la tierra y nuestros derechos como mujeres”, nos dice Elena Caal.

 

“En la capital vivimos mucha discriminación, principalmente las mujeres mayas y garífunas. Algunas no saben leer y escribir, muchas chavalas llegan hasta la primaria o la secundaria, no van a la universidad, porque no hay becas de estudio y la mayoría son pobres. En cuanto al empleo, hemos sido discriminadas principalmente en los cargos públicos fuertes, no se nos toma en cuenta”, relata Lidia Trigueños.

 

En esto coincide Gaby Elizabeth Lagos Jirón de Xitlali. Ella asegura que en la escuela, universidad y en el centro de trabajo se vive bastante discriminación.

 

“Muchas personas se burlan por nuestros rasgos físicos o cuando decimos que venimos de Monimbó o de una comunidad rural. Nos niegan el trabajo, creen que no podemos hacerlo ni que merecemos un mejor nivel de vida”, señala. Y añade que esa actitud se da porque desconocen que existe una inmensa variedad de etnias y que hay leyes que protegen sus derechos.

 

Con el autoestima en alto
 

indigenas_en_resistencia“El Estado guatemalteco criminaliza la lucha histórica de los pueblos y especialmente de las mujeres mayas”, denuncia Elena Caal. “Exigimos al Gobierno que aplique medidas para que las mujeres jóvenes indígenas recibamos un trato digno en todos los espacios. Queremos una vida libre de violencia, que respeten nuestras propias formas de ver y vivir la vida. Consideramos que la tierra y el agua no son una mercancía. No queremos semillas transgénicas, ni abonos químicos que dañan la Madre Tierra y atentan contra la vida de las mujeres”, insiste Elena.

 

“Tengo mi autoestima muy en alto. Sé lo que soy. Somos luchadoras, nos gusta salir adelante y promover nuestras raíces. Platicar con las muchachas en conversatorios me ayudó”, nos relata Nathania Cajina Carballo, una chavala de 18 años de la comunidad indígena de Monimbó en Masaya.

 

“Ser indígena no solo es saber bailar marimba o tener rasgos indígenas, es llevar nuestra identidad étnica muy dentro”, comparten las chavalas de Xitlali.

 

Somos diferentes y también igualesGuate_jugando

 

Aunque tenemos diversos orígenes, color de piel y maneras de pensar, nos une el hecho de ser mujeres. En el pasado aprendimos a fijarnos más en las cosas que nos diferencian y eso ha facilitado que muchas sigamos siendo discriminadas y no gocemos de nuestros  derechos humanos.

 

Es hora de cambiar las cosas, las jóvenes indígenas y afrodescendientes en Centroamérica ya están en camino hacia una vida mejor.

 

 

Contactos:


Grupo de mujeres Xitlali * Correo: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
Teléfonos: (505) 2522 - 5959 y  (505) 8388 - 0112

 

Asociación de Afroguatemaltecas Afroamérica XXI, Guatemala
Correo: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla * Teléfono: (502) 4527 - 3640

 

Red de Mujeres Jóvenes Qeqchi, Guatemala

Correo: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla * Teléfono: (502) 5129 – 9916

 

 

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