| Las defensoras de los derechos humanos |
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también tenemos derecho a vivir sin violencia
Helena Ramos y Vanessa Cortez Bonilla
El trabajo que las organizaciones de mujeres hacen en beneficio de las mujeres, la niñez, adolescentes y la comunidad, es reconocido por más de la mitad de las tres mil personas que participaron en una encuesta que hizo Puntos de Encuentro en 2010. Pero a veces las mujeres que promueven y realizan acciones para defender sus derechos y los de otras, son agredidas porque algunas personas todavía piensan que no deberíamos andar en la calle ni “meternos en asuntos ajenos”.
“He recibido un montón de amenazas, ya perdí la cuenta, han sido más de 50. Y hace 8 años un hombre me puso un cuchillo”, nos cuenta Shira Miguel, al recordar la agresión de un hombre que estaba acusado por maltratar a su compañera de vida y a la cual le daba apoyo el Movimiento de Mujeres Nidia White, de Bilwi, Región Autónoma del Atlántico Norte.
Las defensoras corren mayor riesgo de sufrir determinados tipos de violencia y otras violaciones, perjuicios y formas de exclusión y rechazo que sus colegas varones, señaló la Relatora Especial de la Organización de las Naciones Unidas. Por ser mujeres, ellas corren mayores riesgos de sufrir hostigamiento, violencia sexual y violación.
Cuando hablamos de defensoras de los derechos humanos, nos referimos a todas aquellas mujeres que trabajan para que nuestros derechos, ya sean políticos, económicos, sociales, culturales, sexuales y reproductivos, sean respetados y garantizados.
¿Quiénes agreden a las defensoras?
Los que más atentan contra las defensoras son los hombres violentos cuyas parejas fueron o están siendo acompañadas por alguna organización de mujeres. Al amenazar, desprestigiar, lastimar o asesinar a las defensoras, pretenden que dejen de hacer su labor. Pero si la comunidad se une y la contrarresta, la violencia deja de dar resultado.
Las agresiones también pueden provenir de empresas privadas, medios de comunicación, autoridades de las Iglesias y activistas de grupos religiosos. También las instituciones del Estado como la Policía, las Fuerzas Armadas, el poder judicial, así como militantes o simpatizantes de partidos políticos han sido denunciados por presionar, acosar o agredir a mujeres que defienden los derechos humanos.
Las defensoras que se encuentran en mayor riesgo son las que trabajan contra la violencia intrafamiliar y el femicidio y las que luchan por los derechos sexuales y reproductivos, incluyendo el derecho al aborto.
La delincuencia internacional
Los grupos del crimen organizado, traficantes de drogas y los que trafican personas que con engaños o secuestros se llevan a mujeres y adolescentes para explotarlas sexualmente o que trabajen sin paga en otros países, son parte de los que amenazan a las defensoras de derechos humanos, pues el trabajo que realizan significa para ellos grandes pérdidas de dinero.
“Cuando atendíamos a víctimas de trata de personas, en las comunidades nos decían: ‘No vayan solas, cuídense. Esos traficantes son peligrosos’. Son gente muy violenta y con mucho dinero en su poder”, nos cuenta Alicia María Flores del Movimiento de Mujeres de Chinandega.
Agresiones que deben parar La intimidación y amenazas de muerte son una de las principales formas de violencia en la región mesoamericana, que abarca México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. En el año 2010 feministas de la región denunciamos el asesinato de 15 defensoras: seis en México, seis en Honduras, dos en Guatemala y una en El Salvador.
La Iniciativa Mesoamericana de Defensoras en el año 2000 registró una denuncia, 10 años después contabilizó 101 agresiones. También las familias de las defensoras son amenazadas y agredidas con secuestros, incendios, asesinatos y agresión sexual.
Ante esa situación, las feministas defensoras de los derechos humanos de Nicaragua, Honduras, El Salvador, México, Panamá, Guatemala, Costa Rica y Estados Unidos formaron una articulación feminista conocida como Las Petateras.
“Pronto se realizará una asamblea de la Organización de los Estados Americanos, sobre el sistema interamericano de derechos humanos, y es urgente fortalecer la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que es donde se ponen las denuncias cuando éstas no son atendidas en nuestros países”, añadió María.
Cuidando nuestra vida
Una de cada tres promotoras ha sido amenazada o agredida por acompañar a mujeres que viven violencia o por haber denunciado esta violencia, señala la investigación Comunidades trabajando por la vida de las mujeres: Resultados del estudio de línea de base en 2011, realizada por la organización PATH Nicaragua.
Según este estudio, la mitad de las agresiones que recibieron estas defensoras fueron amenazas con palabras, tres de cada 10 recibieron insultos; 8 de cada 100 fueron amenazadas con machete y tres de cada 100 recibieron agresiones físicas.
Martha Lorena Ulloa, de Palo Herrado, comunidad de Chinandega, cuenta que ella y su hijo fueron amenazados por un hombre violento. “No lo detuvieron por las amenazas que nos hizo, pero sí por las que hizo a su mujer a la que apoyábamos para que saliera de la violencia”.
En Chinandega se creó un sistema de alerta para prevenir la violencia, éste es manejado por las defensoras y permite una mejor coordinación con la Policía, el Ministerio de Salud, el Ministerio de Educación y otras instituciones. “Sé que corro riesgos como defensora, pero sé cuidarme, nos dice Martha y añade que hace uso de las alianzas que tiene con otra gente en su comunidad, como por ejemplo, en la radio local. “Me siento mucho más segura al saber que no estoy sola” dice esta líder campesina.
Cuidarnos es un derecho y un deber
A las mujeres se nos enseña a sacrificarnos por los demás, a hacerles frente a los problemas y buscar la manera de resolverlos, sin importar lo que nos cueste el esfuerzo. Pero no deberíamos descuidarnos a nosotras mismas por ayudar a todo mundo. Velar por nuestro propio bienestar no tiene nada que ver con ser egoístas. La idea es hacer nuestra labor sin correr riesgos.
Hacer alianzas con la gente y las autoridades de la comunidad, es una de las medidas que las defensoras entrevistadas toman para protegerse; recurren a los medios de comunicación y elaboran planes de seguridad, que es un listado de acciones a tomar para estar más seguras ellas mismas y sus organizaciones.
“Muchos agresores se escudan tras un partido que les apaña todo, durante cualquier Gobierno, pero parece que ahora andan más envalentonados”, dice Jamileth Torres de Ciudad Darío y miembra de la Red de Mujeres del Norte Ana Lucila.
Para cuidarnos “nuestra defensa es denunciar toda amenaza, por pequeña que sea”, agrega Jamileth. “Si alguien que no conocemos nos llama y nos pregunta dónde estamos, no se lo decimos. Nunca atendemos a hombres en la oficina y cuando vamos a un juicio, nos turnamos en comisiones”, nos comenta.
Nos reunimos en un grupo de autoayuda una vez al mes y semanalmente trabajamos nuestra situación emocional con las sicólogas, hablamos sobre lo que estamos viviendo y cómo nos sentimos con eso. “Nos ayuda a seguir adelante”, dice con mucha seguridad esta líder.
La seguridad de las defensoras no es sólo responsabilidad de los grupos de mujeres y las autoridades. Si toda la comunidad pone de su parte para realizar acciones contra la violencia, las cosas podrían ser mejor para todo el mundo, menos para los agresores.
Cuando realizamos una gestión o actividad lo hacemos en grupo. Sabemos de memoria los números telefónicos de todas, si tenemos actividades por la noche nos llamamos para ver si está todo bien y saber si regresaron a sus casas sanas y salvas, nos explica Martha Lorena Villanueva, del Grupo Safo que lucha por los derechos de las lesbianas.
Por influencias de un pastor evangélico, la dueña de la casa donde funcionaba la oficina de la organización, no se las siguió alquilando, pero eso no las ha hecho dar pie atrás y siguen difundiendo los derechos de las mujeres lesbianas. Una vez al mes se reúnen para compartir sus vivencias, hacer descarga emocional y fortalecerse personalmente.
Las defensoras en Centroamérica
“Cuando denunciamos públicamente el crimen de violaciones sexuales contra mujeres mayas, amenazaron por teléfono a una compañera, que tuvo salir del país por un tiempo. A otra compañera le colocaron un calzón con sangre en el parabrisas de su carro”, nos cuenta Liduvina Méndez, de la Colectiva Actoras de Cambio, de Guatemala.
En Guatemala existen más de 30 diferentes etnias organizadas que luchan por su derecho a seguir siendo dueñas del territorio que por siglos ha sido habitado por ellas. Por esta lucha las autoridades han tratado de descalificar a La Colectiva llamándolas delincuentes sólo por protestar y le restan importancia a la violencia que viven estas líderes indígenas.
“Cuando recibimos amenazas las denunciamos en el Ministerio Público, para que quede registro. No llamamos a la Policía porque en Guatemala hay muchísimos casos de violencia sexual por parte de policías, así es que la presencia policial da más inseguridad”, denuncia Liduvina.
Darse tiempo para expresar y superar sus temores, es una práctica que han desarrollado com
Las hondureñas
En Honduras se dio un Golpe de Estado hace tres años cuando un determinado sector de políticos, con ayuda del Ejército y utilizando las armas, tomaron el poder estatal, o sea el gobierno de ese país.
Desde entonces la institucionalidad, que es la actuación de las diferentes instituciones del Estado, se ha debilitado, nos dice Gilda Rivera del Centro de Derechos de Mujeres de Tegucigalpa. “Ahora los niveles de impunidad son mayores que antes y el Estado no se preocupa por luchar contra la violencia hacia las mujeres”, dice esta defensora.
A pesar de las adversidades, esta organización continúa defendiendo los derechos humanos y acompañando a las mujeres en su búsqueda de justicia. Tienen planes de seguridad y no dudan en recurrir a otras organizaciones de derechos humanos dentro y fuera del país para denunciar situaciones de amenazas o violencia en su contra, indica Gilda.
• Si sucede algo sospechoso de inmediato informar a la Policía
La Policía, el Poder judicial, los ministerios como parte del Estado tienen la obligación de proteger a la ciudadanía, las defensoras también somos ciudadanas. Ya sea que vivamos en Nicaragua, Honduras o Guatemala.
Todas las personas en la comunidad tenemos el deber de colaborar para que la violencia contra las mujeres cese de una vez, por eso es importante reconocer y apoyar el trabajo que realizan las defensoras de los derechos de otras mujeres.
Reconozcamos y apoyemos el trabajo que realizan las defensoras de los derechos de otras mujeres.
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