Simone de Beauvoir: "Nos nace mujer, se llega a serlo
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La filósofa francesa demostró que las supuestas cualidades femeninas no son naturales, sino aprendidas


Helena Ramos,

 

Simone de Beauvoir es una escritora y filósofa francesa que con su vida y sus obras desempeñó un papel fundamental en el desarrollo del movimiento feminista. Nació el 9 de enero de 1908 en París, capital de Francia, en una familia culta, acomodada, de tradición católica.

 

Su única hermana Hélène era dos años más joven que ella. A comienzos de su infancia el mundo de Simone fue feliz y risueño. La madre, el padre, las abuelas, las tías la trataban con cariño y celebraban su inteligencia.

 

De6._Simone_Beauvoir_sonriente.Foto_Tomada_de_Internetsde pequeña se consideraba, como decía ella, “una verdadera persona” y le molestaba mucho cuando la gente adulta la trataba como una muñequita sin voluntad ni ideas propias. A su madre y padre les divertía la rebeldía de Simone, rara vez la castigaban y la muchacha empezó a desarrollar su sentido de independencia.

 

A los cinco años y medio entró a la escuela y se sintió muy contenta porque le gustaba aprender. Siempre obtenía las mejores notas. A los seis empezó a enseñar a su hermanita menor a leer y a hacer cálculos, así conoció lo que ella misma llamó después “el orgullo de la eficiencia”. Además de los estudios, la lectura era lo más importante en su vida. Como no tenía hermanos, ninguna comparación le indicó que algunas cosas le estaban prohibidas porque era mujer.

 

Se percata de la desigualdad entre mujeres y hombres

 

Después de la Primera Guerra Mundial, que duró de 1914 a 1918, la familia Beauvoir perdió gran parte de su fortuna. Se tuvieron que mudar a un apartamento mucho más pequeño y afrontaron dificultades económicas, pero a Simone eso no le molestó porque la salvaba del destino de ser ama de casa.

 

Su padre repetía a menudo que ella y su hermana Hélène eran pobres y no iban a poder casarse bien y que por eso iban a tener que trabajar. A Simone eso la alegraba, porque desde niña detestaba el trabajo doméstico.

 

Acostumbrada a tener criterio propio sobre todas las cosas, empezó a entrar en conflicto con su familia. “Mi padre me encontraba fea y me lo reprochaba; mi madre desconfiaba del oscuro cambio que adivinaba en mí. Si hubieran leído en mi cabeza mis padres me habrían condenado”, dijo Simone sobre sus años de adolescencia.

 

Fue en ese entonces cuando se percató que la sociedad veía de una forma muy distinta a mujeres y varones. Los muchachos de su misma edad le parecían tontos, pero la gente los consideraba superiores a las chicas. Su padre decía: “Simone tiene el cerebro de un hombre. Simone es un hombre”, y para todo el mundo, ése era el mejor piropo que se le podía hacer a una mujer.

 

La joven se dio cuenta que la educación que recibían los varones era mejor. “Ellos leían verdaderos libros, estaban al corriente de verdaderos problemas; vivían a cielo abierto; a mí me confinaban en una guardería”, recordaba Simone. Desde entonces surgió en ella una inquietud que después se convirtió en un impulso de luchar por la igualdad entre mujeres y hombres.

 

A los 14 años, después de haber leído y reflexionado mucho, dejó de creer en Dios porque las explicaciones de la Biblia sobre el origen y funcionamiento del mundo no la satisfacían. Pero tuvo que ocultar este cambio en sus ideas porque sabía que si lo confesaba la hubieran señalado con el dedo, expulsado del colegio, perdido el cariño de su mejor amiga, que era muy católica y hasta su madre se podía sentir lastimada.

 

A los 15 estaba decidida a llegar a ser una escritora famosa. No quería vivir como lo hacía la mayoría de las mujeres: “Tener hijos, que a su vez tendrían hijos, era repetir al infinito el mismo aburrido estribillo; el sabio, el artista, el pensador creaban otro mundo, luminoso y alegre, donde todo tenía su razón de ser”. Y ella deseaba formar parte de este grupo tan especial.

 

Amor a la sabiduría

 

Cuando se bachilleró entró a la reconocida Universidad de la Sorbona, de París para estudiar Filosofía, que es una ciencia que busca explicar la naturaleza, relaciones, causas y finalidad del mundo. La palabra filosofía significa “amor a la sabiduría” y fue precisamente ese gusto por el saber, que la impulsó a plantearse muchas preguntas sobre la vida.

 

En 1929 conoció a otro estudiante de la misma carrera, Jean-Paul Sartre, tres años mayor que ella. Surgió entre ambos una profunda amistad, que luego se convirtió en amor. No fue un romance común: acordaron que no se iban a casar ni vivir en la misma casa. Cada cual podía tener relaciones sentimentales y sexuales con otras personas, con el compromiso de no ocultar nada a su pareja. También estaba prohibido sentir celos. Tomaron esa decisión porque creían que la libertad era lo más importante en la vida.

 

Amar en libertad

 

En  uno de sus libros Simone dijo que el ser humano es libre, pero su libertad sólo es real “en la medida en que está comprometida”, es decir, únicamente si “trata de realizar algún cambio en el mundo”.  Por eso es que la calidad y la resignación de las personas eran cosas que detestaba.

 

En sus escritos defendía el derecho de las mujeres a vivir el amor en libertad e igualdad. Por muy enamorada que estuviera, ella jamás abandonó su propio proyecto de vida. Tuvo varias relaciones amorosas, tanto con mujeres como con hombres, pero su amor más constante fue Jean-Paul Sartre.

 

Después de graduarse trabajó como profesora y desde los años 40 se dedicó al periodismo y la literatura. Durante la Segunda Guerra Mundial, que duró de 1939 a 1945, condujo un programa radial sobre música. Su primera novela, La invitada, fue publicada en 1943; la siguieron otros libros. Uno de ellos, y el más importante para el movimiento feminista, es El segundo sexo, que fue publicado en 1949.

 

A veces se afirma que Beauvoir se hizo feminista mucho después de la publicación de El segundo sexo, pero eso no es cierto. Si bien ella empezó a participar directamente en agrupaciones feministas en los años 60, ya en 1949 se declaraba feminista. Apoyaba la lucha por el derecho al uso de los métodos anticonceptivos y a la interrupción voluntaria del embarazo, a pesar de que en aquellos tiempos estos temas eran todavía más difíciles de abordar que ahora.

 

Con el Movimiento de Liberación Femenina Simone participó en manifestaciones, firmó peticiones y manifiestos y se convirtió en directora de asociaciones y revistas  feministas. También defendió públicamente los derechos humanos de las guerrilleras que luchaban por la independencia de Argelia, país que fue colonia de Francia hasta 1962.

 

Adoptó como su hija a Sylvie Le Bon, una ex alumna suya que luego fue heredera de su obra literaria y de todos sus bienes.

 

En 1970 Jean-Paul Sartre se enfermó de gravedad y Simone lo cuidó hasta su muerte en 1980. Ella falleció el 14 de abril de 1986. Está enterrada en un cementerio de París, en la misma tumba que Sartre, pero ordenó que la sepultaran llevando en el dedo el anillo que le había regalado su otro gran amor, Nelson Algren, un escritor estadounidense.

 

El segundo sexo
    
Es el ensayo feminista más importante del siglo XX. Ahí Simone analizó, desde un enfoque histórico, social y filosófico, la condición de las mujeres en las sociedades de Europa Occidental y Estados Unidos. No habló sobre la situación en otros países porque no tenía suficiente información.

 

Con la frase “No se nace mujer, se llega a serlo”, Simone se convierte en la primera estudiosa en señalar que el sexo con que se nace no determina la forma de ser de las mujeres y que lo determinante es la forma en cómo nos educan y crían.
 
Desde el siglo XVIII las mujeres exigían el derecho al voto y a la educación, pero Simone pasó de las exigencias a una profunda reflexión sobre el significado de ser mujer y sobre el origen del sometimiento femenino ante los varones. Analizó cómo  surgió el patriarcado, que es una forma de organización social que promueve que los hombres dominen a las mujeres y que lo masculino es mejor que lo femenino.

 

Simone plantea que la sociedad patriarcal se estableció cuando comenzó el uso del bronce, del que se fabricaban herramientas de uso agrícola y sobre todo armas que sólo utilizarían los hombres. Según sus palabras, “la peor maldición que pesa sobre la mujer es estar excluida de estas expediciones guerreras”, porque se cree que “la superioridad no la tiene el sexo que engendra, sino el que mata”.  

 

Simone se percató de que las mujeres hemos estado sometidas porque se nos inculca una cierta forma de ser. Frases como: las mujeres son el sexo débil, el hombre es de la calle y la mujer de su casa, son creencias falsas que tratan de convencernos de que somos débiles, incapaces, dependientes y que hemos nacido para servir a los hombres. 

 

Simone también recalcó que en la familia las niñas y los niños reciben una educación diferente. A los varones los alientan para que sean duros y sobresalgan; a las muchachas se les exige la obediencia, la dulzura y la belleza. De esta manera la familia reproduce las creencias sobre cómo deben ser  los hombres y las mujeres.

 

Una firme base

 

El Segundo sexo está dividido en cuatro partes: en la primera, Simone examina lo femenino desde el punto de vista de la ciencia; en la segunda, reflexiona sobre el tema desde la perspectiva de la historia. En la tercera parte estudia los mitos sobre lo femenino y lo masculino y las imágenes de mujer creadas por la literatura. En la cuarta y última parte hace una reflexión sobre las vivencias femeninas desde la infancia hasta la vejez y da pistas para buscar la autonomía y la igualdad.

 

Este es un libro lleno de indignación contra aquellas mujeres que aceptan la sumisión. Alguien puede decir ahora que ella es demasiado tajante y no toma en consideración las limitaciones que una mujer tiene que enfrentar en una sociedad machista. Sin embargo, a veces para despertar a una persona hace falta sacudirla; el libro de Simone sacudió conciencias.

 

Hemos avanzado mucho desde 1949 pero El segundo sexo, lejos de volverse anticuado, se ha convertido en una sólida base del pensamiento feminista.


Para saber más de Simone, visitá www.ciudaddemujeres.com/EspecialSBeauvoir/

 

Fuentes:  www.ciudaddemujeres.com/EspecialSBeauvoir/El segundo sexo, Simone de Beauvoir, ediciones Cátedra, Madrid, 1989 * El segundo sexo de Simone de Beauvoir, artículo de Margo Glantz * Otra historia de amor de Tomás Eloy Martínez, Los mandarines, Edhasa, 1986 * Simone de Beauvoir, palabra de mujer de Sylvie Chaperon.

 

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