| Entre el Calorazo y la llovedera |
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Para María Inés Sandoval, productora de la comunidad de Macuelizo en Ocotal, limpiar los frijoles al viento luego de aporrearlos, ya es una imagen del pasado. Ella nos cuenta que en su familia desde hace tiempo usan abanico para esta tarea, debido a que no corre la brisa suficiente para hacerlo como antes.
Con este hecho María nos ilustra cómo han sentido el cambio del clima en los últimos años. Quizá hemos escuchado hablar de calentamiento global y cambio climático, pero no entendemos bien qué significa y cómo nos afecta, especialmente a nosotras.
La productora norteña nos explica que desde hace años vivimos sus efectos tanto en invierno como en verano: o mucha lluvia con serias inundaciones y derrumbes o una sequía extrema que ha hecho desaparecer las fuentes de agua y fomenta los incendios en los bosques, expresa. ¿Qué es el calentamiento global?
Todas estas variaciones que ha sufrido el clima en los últimos años se deben al calentamiento global o terrestre, que es la elevación de la temperatura del aire y los mares en todo el mundo, nos comenta Haydeé Castillo, que coordina el Instituto de Liderazgo de Las Segovias en Ocotal.
El planeta mantiene el equilibrio de la temperatura mediante un proceso natural llamado efecto invernadero; es decir, el sol nos manda energía a través de sus rayos y la Tierra la regresa en forma de vapor a la atmósfera, que es la capa de aire que cubre el mundo.
El problema es que la atmósfera se ha recalentado más de la cuenta debido a la contaminación y destrucción del medio ambiente: se han cortado demasiados árboles y se han liberado unos humazales que salen de fábricas, vehículos o quemas de monte y basura, para mencionar algunos aspectos.
Esto ha hecho que el planeta se caliente cada vez más afectando al clima y derritiendo las zonas llenas de hielo, aumentando el nivel del mar, por ejemplo. Entonces, el calentamiento global está relacionado con el cambio climático, nos aclara Haydeé.
Y añade que en Nicaragua hemos vivido sus consecuencias con tormentas tropicales, huracanes como el Mitch y el Félix, sequías o una plaga de ratas que se comió los cultivos en la Costa Atlántica, para mencionar algunos ejemplos de una lista más amplia.
¿Qué tiene que ver eso con nosotras?
Aparte de la muerte y la destrucción, hay efectos negativos en nuestros recursos naturales, cultivos, suelos, bosques, animales y fuentes de agua. La salud se ve afectada con plagas y enfermedades y por supuesto los cultivos, provocando escasez de alimentos para nuestras familias y aumentando la pobreza, nos dice Haydée. . Ella argumenta que al ubicarnos en la casa como madres y cuidadoras de las demás personas; tenemos educación limitada, no somos dueñas de los recursos ni nos toman en cuenta a la hora de tomar decisiones.
En caso de un peligro inminente como un huracán, inundación o derrumbes conocidos como revenidos, las mujeres del campo especialmente, estamos más expuestas al no estar bien informadas y no entender las señales de alerta. “La educación tiene un papel importante para comprender los avisos de emergencia de las autoridades y hacen la diferencia entre vida y muerte”, nos dice Haydée.
Organizarse es fundamental
Por eso, el Instituto de Liderazgo junto con otras organizaciones aliadas y el Foro de Mujeres para la Integración Centroamericana, trabajan para capacitar y organizar a mujeres que viven en zonas en riesgo para reflexionar sobre este tema y busca qué hacer para prevenir o enfrentar los efectos del cambio climático.
Nueva Segovia ha sido bastante golpeada por fenómenos naturales que han hecho desastres, nos dice Haydée, que también coordina el Foro. Por eso desde 1998, que pasó el huracán Mitch, trabajan en Ocotal, Ciudad Antigua, Mozonte, Dipilto y Santa María.
Desde ese momento han promovido que la población sobreviviente se organice en comités de prevención de desastres, para conocer riesgos y amenazas, así como para preservar el medio ambiente.
Las mujeres que participaron en este proceso contaban cómo cuando los ríos se desbordaron con el paso del huracán, ellas le decían al marido que se fueran de ahí y salvaran algo de sus cosas; “pero como él es el que manda y tiene el poder de decisión, no se movieron y cuando lo hicieron ya era demasiado tarde”, expresa Haydée.
El hecho de no tomar decisiones sobre nuestra vida porque aprendimos de forma equivocada que hay que obedecer al hombre, nos expone a estas y otras situaciones, recalca esta líder. “Muchas por no contrariar al marido, aunque oían los retumbos y sabían que algo grave pasaba, fueron obligadas a quedarse en sitios, exponiendo sus vidas, por puro machismo”, nos dice.
En momentos de emergencia, muchas mujeres piensan de último en ellas, ya que han sido educadas para velar siempre por las demás personas. Por eso Haydeé insiste que es fundamental que nos capacitemos y que reclamemos políticas públicas que promuevan que las mujeres accedamos a recursos, educación y oportunidades.
“Necesitamos más educación porque una mujer analfabeta es más vulnerable que una alfabetizada, que pueda entender esos mensajes de alerta que se transmiten por la radio”, nos comenta.
Algunos esfuerzos
Desde el Instituto, el Foro y las organizaciones aliadas se promueve el empoderamiento de las mujeres fomentando procesos de reflexión sobre su propia condición, que sean dueñas de los recursos, sepan cómo proteger el medio ambiente y reaccionar ante un fenómeno natural. También que se organicen para incidir en los proyectos de las alcaldías municipales.
Además impulsa la producción de energía limpia, que se genera aprovechando la fuerza del viento, del agua, los desperdicios de comida y la caca de los animales, para no depender sólo del petróleo o de la leña.
Para tener alimentos todo el año, diversifican los cultivos sembrando variedad de plantas y frutas que además impiden que el agua se lleve todo cuando vienen las fuertes lluvias.
María Ángeles Marín tiene 66 años y vive en una finquita en las afueras de Dipilto Viejo, en Ocotal. De largo su parcela se distingue porque se ve bien tupida, debido a la cantidad de árboles que ha sembrado junto con su familia.
Ella participa en un proyecto del Instituto de Liderazgo y nos cuenta que para evitar el deslave o revenido, junto con su familia hacen barreras vivas, que consiste en sembrar plantas al pie de los cerros para retener la humedad y la tierra.
También hacen barreras muertas, que son zanjas ubicadas en la falda de la montaña, que se rellenan de restos de árboles, como troncos y ramas de plátano. Esto además de ser abono, ayuda a conservar la humedad y evita la erosión, es decir que el agua arrastre los nutrientes de la tierra.
“Cuando sucedió lo del Mitch nosotras nos sentíamos atribuladas. Nunca habíamos visto algo como eso, los árboles se arrancaban desde abajo, se venían caminando solos”, nos cuenta María, mientras recorre su finca con gran agilidad mostrando el trabajo que han hecho.
También cuenta que sus cultivos de limón, mandarina y ayote los cuida con abono orgánico que ella misma elabora con lombrices de tierra. Esto lo hace para no contaminar la tierra con abonos químicos.
Martha y Carmen, como la mayoría de familias de este barrio, han reforestado el sitio y tienen cultivos diversificados. En sus patios se ven sembradas yuca, coco, mango, aguacate, pitahaya, limones y naranjas, entre otras plantas.
Además cosechan agua durante el invierno, es decir recogen el agua que cae del techo y con ayuda de un tubo la almacenan en una cisterna o tanque enterrado. Luego la bombean de forma manual para usarla en verano, nos explica Carmen.
“Si todos ponemos un granito de arena vamos a lograr salvar el medio ambiente. Reforestando los bosques, cuidando las cuencas de los ríos no contaminándolas con insecticidas, sin quemas y dejando de usar tanto plástico. Además hay que platicarlo con toda la comunidad”, nos cuenta Martha, quien ahora es miembra de la Comisión de género de su barrio.
Desde el Foro de Mujeres para la Integración Centroamericana se ha hecho un esfuerzo grande para promover que las mujeres, especialmente de las zonas de más riesgo, reflexionen sobre cómo nos afecta el cambio climático.
El Foro ha promovido talleres de consulta en varios países centroamericanos para escuchar las posibles soluciones desde la visión de las mujeres, para que estas acciones se incluyan en los planes municipales de zonas vulnerables de la región, nos comenta Haydée Castillo. Estos aportes fueron incorporados a la estrategia regional y presentados en la cumbre sobre cambio climático realizada en Cancún, México, el año pasado, agrega Haydée.
“Años atrás las mujeres vivíamos apartadas y no nos dejaban participar en temas de interés público, pero ahora ya estamos capacitadas y sabemos que tenemos derecho a participar y ser escuchadas en los cabildos. Nadie más que nosotras sabemos qué nos está afectando y podemos incidir en cambios que nos beneficien”, nos comenta María Inés Sandoval, productora de Macuelizo.
Ella nos recuerda que el cuido del medio ambiente es una tarea de todas las personas de la familia y la comunidad, no sólo de las mujeres. Además nos invita a reclamar nuestro espacio en los planes municipales y exigir que nuestras voces sean escuchadas y respetadas. |
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