| En nuestra opinión |
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» Queridas lectoras:
Recientemente estuvimos en un taller con la reconocida feminista mexicana Marcela Lagarde, donde nos compartía la manera en que ella ha resumido los principios éticos del feminismo: igualdad, equidad, libertad, seguridad, dignidad e integridad.
Los principios son reglas o normas que guían la conducta y acciones de las personas de un determinado grupo. Si comparamos estos principios feministas, vemos cómo en ningún momento contradicen los principios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de nuestra propia Constitución Política de Nicaragua.
A nosotras esto nos inspira y nos aclara que para alcanzar esos derechos universales y los que tenemos como ciudadanas nicaragüenses, necesitamos cambiar las realidades que dejan a las mujeres en desventaja en todos los ámbitos de la vida.
La igualdad y equidad, aunque muchas veces la usamos como sinónimos, no significan lo mismo. La equidad busca la justicia a través de la eliminación de la desigualdad entre mujeres y hombres, por eso propone dar un trato diferente o de preferencia a quien está en condiciones de desventaja. Por ejemplo, priorizar que las niñas y adolescentes vayan a la escuela para que el índice de mujeres analfabetas baje.
Alcanzar la libertad ha sido la inspiración de muchas revoluciones en el mundo y Nicaragua no es la excepción. Esta implica la libertad de movimiento, de expresión y de pensamiento pero también libertad para decidir y elegir.
“Elegir es la libertad de optar. Si no hay opciones, no hay libertad de decidir”, nos dijo Marcela. En un país donde las mujeres no tenemos la opción de abortar de manera segura y legal, tenemos que decir que no gozamos de la libertad de elegir ni de decidir.El Estado y la Asamblea Nacional a través de una ley injusta nos han negando el derecho a nuestra integridad y seguridad, obligándonos a exponer nuestra vida ya sea con un aborto clandestino o por un embarazo que empeora nuestra situación de salud cuando tenemos enfermedades terminales como el cáncer.
Los diferentes partidos políticos que se encuentran en contienda electoral, están obligados a respetar nuestros derechos como humanas. Deben de recordar que ningún derecho está sobre otro y que con nuestra vida no se negocia.
Aprobar la Ley integral contra la violencia hacia las mujeres y hacer esfuerzos concretos para frenar el feminicidio, son realidades y no promesas que las clases políticas tiene el deber de cumplir. La seguridad y la integridad de las mujeres no son promesas de campaña, son derechos humanos y políticos que tenemos como ciudadanas nicaragüenses.
La Boletina
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