| Esos terribles piropos |
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Aunque son aceptados como algo normal en nuestra sociedad, las mujeres no tenemos por qué seguir aguantando esta forma de violencia sexual.
María Martha Escobar y Vanessa Cortez BonillaEran como las siete de la mañana; yo caminaba de mi casa a la parada de bus para ir al trabajo. Las calles estaban desiertas y en eso apareció un hombre que quiso acercarse a mí. Entonces yo me crucé la calle y él, desde la acera contraria, empezó a decir vulgaridades sobre mis pechos. Yo le dije: “Estúpido, busque cómo lavarse la boca con jabón antes de hablarme”.
El hombre no dejaba de seguirme y decirme cosas. Entonces le grité que iba a llamar a la Policía. Aunque no andaba saldo para llamar, me puse el celular al oído y empecé a decir: “Aquí me está acosando un hombre, me quiere violar”. Al oírme, el tipo salió corriendo. Otros hombres que estaban por ahí se pusieron a reír de mí haciéndome sentir como una loca.
Este es el testimonio de Fanny Sánchez, de 24 años. Miles de mujeres podríamos contar historias parecidas porque vivimos a diario esta agresión verbal mal llamada piropeo.
Cuál es el problema con los piropos
Se supone que el piropo es una palabra o frase corta que una persona dice a otra con el fin de halagarla y llamar su atención. Pero algunos hombres utilizan esos supuestos halagos para mostrar que nos miran como un objeto sexual. Por eso los piropos básicamente se refieren a nuestro cuerpo y nuestra sexualidad, pero siempre al servicio del placer masculino.
Algunos hombres se sienten con el derecho de decirnos lo que se les venga en gana porque creen que las mujeres somos de su propiedad. Por eso si vamos por la calle con un hombre al lado, ellos no se atreven a decir nada, pero si vamos con otra o mujer o estamos solas, nos llueve el acoso verbal.
“De esta manera van limitando nuestra libertad de salir, de ponernos la ropa que queremos, de andar tranquilamente por las calles. Un verdadero halago no debería hacernos sentir heridas en nuestra condición de personas, no debería dañar nuestra dignidad ni avergonzarnos”, nos explica María Eugenia Delgadillo, sicóloga de la Asociación de Mujeres Axayacatl en Masaya.
¿Qué tiene que ver el piropo con enamorar?Desde niños a los varones se les alienta a cortejar. “Enamorá a esa muchacha, está bien bonita, decile ‘adiós amor’”, le aconseja un hombre mayor a un chavalito. Y a nosotras se nos enseña que esto es normal, que debemos sentirnos felices cuando cualquier hombre evalúa nuestro cuerpo y dice que estamos bien. Tenemos tan metidas estas ideas que cuando a una no le piropean, talvez comienza a pensar: “¿Será que soy fea?”.
“Salía con mis amigas y como era la menos desarrollada, los chavalos no me decían nada, mientras enamoraban a mis amigas. Seguro es porque no les gusto, decía yo. Ahora me enoja tener que aguantarles las bascosidades porque tengo las chichas grandes”, nos cuenta Herenia Hernández, de 20 años.
“Por lo general, nos lanzan piropos no para hacernos sentir valiosas, inteligentes y bellas. Es más bien una invasión a nuestra intimidad. Los piropos invaden nuestro espacio y pueden convertirse en acoso sexual, que es una forma de violencia”, nos advierte María Eugenia.
El piropeo que se practica en nuestra sociedad nicaragüense es una expresión del machismo y a menudo después vienen otras formas de violencia, como el acoso sexual, el abuso sexual y hasta el femicidio.
Para muestra un botón. En 2010 Aleyda Jarquín Angulo, de 26 años, fue asesinada en el municipio de Rosita, Región Autónoma del Atlántico Sur. Dixon Almendárez Gaitán, el asesino, empezó a enamorarla, según él, y la invitó a subirse en su caballo. Como ella se negó y le reclamó el abuso, la mató. Después dijo a las autoridades: “La maté porque no me hizo caso y me trató”.
También es acoso sexual
Muchas mujeres no nos sentimos tranquilas cuando andamos por las calles. Sentimos miedo porque constantemente están invadiendo nuestro espacio con frases amenazantes como: “Vas a ser mía”, “te voy a robar”, “todas dejan su orgullo en esta portañuela”.
Los piropos son una forma de violencia verbal a la que nos someten los hombres. Diciendo estas cosas hacen uso de su poder para sentirse superiores, dueños de nuestro cuerpo y nuestra sexualidad.
El piropeo se convierte en acoso sexual cuando es frecuente y repetitivo. Aunque nosotras digamos al hombre que sus palabras no nos gustan, le contestemos mal y le exijamos respeto, la mayoría de veces el tipo lo que hace es burlarse y seguir molestando, para hacernos sentir que él puede continuar con su acoso.“
Cada vez que pasaba por un negocio que estaba cerca de mi casa, el vigilante me lanzaba piropos que no me gustaban, hasta que un día lo amenacé con hablar con su jefe. Después de eso ya no me dijo nada. En general me siento mal, irrespetada, desnuda por sus miradas, siento que no puedo caminar libremente por las calles y este sentimiento me afecta más cuando ando sola”, nos relata Leonor Delgado, de Managua.
Además de las palabras, los hombres utilizan otras maneras para llamar nuestra atención e intimidarnos. Por ejemplo, miran fijamente nuestros pechos, vientre o nalgas. También nos lanzan besos sonoros al aire, hacen gestos vulgares y comentarios sexuales; nos bloquean el paso obligándonos a pasar en medio de un grupo de hombres y hasta nos tocan o manosean en el momento menos esperado.
¿Cómo enfrentar este tipo de violencia sexual?
“En la calle, los hombres me han agredido verbalmente con las cosas obscenas que dicen. Pero, aunque sean desconocidos, hay que llamarles la atención, decirles que paren de andar agrediendo a las mujeres”, nos comenta Carmen Quinto, de Camoapa.
Por su parte, Gaby Sarmiento nos comparte: “Si voy por la calle y veo a un grupito de hombres en una esquina, desde que me voy acercando los volteo a ver, paso cerquita y los reviso de pies a cabeza con actitud relajada pero seria, dejo el modo de la ‘señorita asustada’ a un lado y paso con una actitud de ‘tú a tú’, sin confrontar, pero tampoco temblando”.
Aceptar el piropeo y el acoso sexual en la calle como parte de la cultura es tolerar la violencia. Las mujeres tenemos derecho a andar tranquilas, sin temor a ser agredidas verbal y físicamente.
Aquí te recomendamos algunas estrategias para enfrentarlo:
Mirá fijamente a los ojos al hombre que te lanza el piropo, por lo general son hombres cobardes que esconden la cara y verse descubiertos los avergüenza
Evitá contestar a cada frase que te dicen. Probá a repetirles una sola palabra, por ejemplo “acosador”, hasta que te alejés del lugar. Eso lo dejará desconcertado.
Si te persigue, podés correr, gritar, pedir ayuda en una casa cercana, que no te dé pena.
Si el piropo ya se convirtió en acoso:
Amenazá al agresor con denunciarlo con su jefe o en la Policía
Hacé uso de las radios locales para denunciar públicamente a un acosador. Se puede hacer de manera anónima, sin dar nuestro nombre.
Si el acosador permanece en alguna calle de tu barrio o comunidad, pedile a un amigo o familiar que te acompañe, para que atestigüe y te apoye en caso de denunciar el acoso
Si es un taxista abusivo, anotá la placa para luego poner la denuncia
Alertá a tus amigas, familiares y vecinas dándoles las señales del hombre y del taxi que maneja para que no lo aborden
Sé firme pero no te expongás, a veces estos hombres se ponen más agresivos cuando nos defendemos ante sus insultos.
“El piropeo es una forma de violencia verbal y sexual. No lo tomemos a la ligera, como si fuera una expresión inocente de galanteo, porque puede tener consecuencias para nuestra seguridad”, señala María Eugenia.
Cada vez que marcamos un límite y cada vez que hombres conscientes pueden influir en sus amigos para que respeten a las mujeres, avanzamos para cambiar esta situación, subraya la sicóloga. Y finaliza diciendo que la sociedad en su conjunto también debe empezar a rechazar estas expresiones violentas.
Reportaje elaborado con la colaboración de Rebeca González de Radio Camoapa de Camoapa, Boaco. |
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