| Somos parte de la Nicaragua multiétnica |
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Maryórit Guevara y Tania Montenegro
Anicia Matamoros Bushey repitió tres veces tercer grado, no porque haya dejado clases, sino porque en la comunidad miskita de Krukira la escuela no tenía un grado más alto. Tanto deseaba estudiar que su madre y padre la enviaron a casa de una tía en Bilwi, cabecera municipal de Puerto Cabezas en la Región Autónoma del Atlántico Norte de nuestro país.
A sus 14 años Anicia se encontró con un mundo que la miraba mal por sus rasgos físicos, la lengua en que hablaba y sus costumbres. Ella se preguntaba qué tenía de malo ser miskita y por qué le prohibían hablar en su lengua materna. Rápidamente se dio cuenta que aprender a hablar español era una obligación, si es que quería estudiar para luego conseguir un trabajo.
“Me decían: Es malo hablar miskito, no hay que hablarlo, no sirve, tienes que hablar en español. Pero en la comunidad, la casa, con la familia y las amigas hablábamos en miskito y cómo vas hablar una lengua que es ajena a tu vida”, nos cuenta Anicia, hoy de 56 años.
Empeñada en salir adelante, estudió Magisterio e irónicamente terminó graduándose de licenciada en Español. Hoy la profesora Anicia dirige la Escuela de Liderazgo Comunitario de la Universidad de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe Nicaragüense, conocida como Uraccan, para ofrecerles a chavalas y chavalos de comunidades la oportunidad que ella no tuvo en su infancia.
Somos una mezcla
Desde hace cientos de años nuestra historia está marcada por ser un país de tránsito entre el Norte y el Sur del continente americano. También por haber sido colonizado tanto por españoles en el Pacífico, como por ingleses en la Costa Atlántica, que además trajeron gente de origen africano, en muchos casos como esclava. A esto se suma el hecho de que tenemos poblaciones nativas y también recibimos a familias que emigraron de Alemania, China y Jamaica en busca de fortuna.
Multiétnico quiere decir que en nuestro territorio convivimos personas de diversos orígenes étnicos: chorotegas, miskitas, ramas, mayangnas, mestizas, creoles, sutiabas, garífonas, nahoas y matagalpas. Esto conlleva a que seamos un país multicultural, es decir, donde conviven culturas distintas.
El clavo es que en la práctica hay discriminación y eso ha afectado la forma en cómo asumimos nuestro origen. Discriminar es cuando se hace una distinción que nos perjudica por razones de color de la piel, etnia, clase social, sexo, idioma, religión o preferencia sexual, entre otros aspectos. Así como le pasó a la profesora Anicia en Bilwi.
Es bastante seguro que alguna vez hayamos escuchado expresiones como que india que sos o indio patarrajada a manera de ofensa. Ideas equivocadas como éstas hacen que rechacemos, neguemos o no reconozcamos nuestro origen multiétnico. Quizá por eso sólo 11 de cada 100 nicaragüenses reconocen que son indígenas, según datos del censo poblacional del Instituto Nacional de Información y Desarrollo de 2005.
¿Qué es ser indígena?
“Es sentirse parte de algo, tener conciencia y control territorial, amar, convivir y proteger la madre tierra, alimentarse de una variedad de comidas en base a plantas, hojas, flores; practicar la medicina natural y tener nuestro propio folclor”, nos dice Daysi Pérez, coordinadora de la organización Pueblos Indígenas Chorotegas, con sede en Somoto.
Hay muchas ideas equivocadas que hemos aprendido de la sociedad sobre lo que significa ser indígena o afrodescendiente. Por eso, la Organización de las Naciones Unidas pide a los grupos étnicos que se definan a sí mismos como tales y que cada persona sea libre de decidir cómo nombrarse a sí misma.
“Yo me siento orgullosa de ser mujer y ser miskita, aunque para reconocerme viví un proceso. Por mis venas corre sangre europea, miskita, negra o creole de Jamaica. Mis labios no son de miskita sino de negra, mi pelo es crespo, no liso y mi cuerpo es grande. Pero yo me identifico como miskita por mi forma de vida y el idioma en que he hablado siempre”, nos dice Anny Marley, quien es coordinadora del Centro de Estudios e Información de la Mujer Multiétnica de la Uraccan en Bilwi.
La balanza desajustada
No tener atención básica en salud, acceso a la educación, control sobre la tierra y falta de protección de los derechos a la propiedad intelectual y cultural, son algunos de los problemas comunes que identifica el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de la Organización de Naciones Unidas.
“Se vive en condiciones extremas al ser mujer, pobre, indígena, analfabeta y vivir en la zona rural, porque se está desinformada y en general se desconocen nuestros derechos y las leyes”, nos comenta Doris Borst Chow, quien dirige la Asociación de Mujeres Indígenas de la Costa Atlántica, ubicada en Bilwi y conocida como Amica.
Aunque la Costa Atlántica nicaragüense cuenta con la reglamentación de una ley de autonomía en la que se “reconoce y fortalece la identidad étnica y respeta las especificidades de las culturas”, aún no cuenta con los mecanismos y recursos para que se cumplan las políticas y programas de atención a las comunidades indígenas.
Un ejemplo de esto es que en los servicios de salud, educación o el sistema judicial se habla en español y no en miskito, sumo o inglés criollo, llamado creole, nos comenta Anny.
Las mujeres indígenas y afrodescendientes, por nuestra lengua, cultura, limitaciones económicas y en algunos casos vivir en lugares aislados de las centros urbanos, no tenemos las mismas oportunidades que el resto de la ciudadanía.
Aguantar porque lo manda la tradición
Por razones culturales existe un alto nivel de tolerancia a la violencia y la discriminación hacia las mujeres, nos sugiere la abogada María Luisa Acosta, en una investigación sobre cómo acceden a la justicia las indígenas y afrodescendientes de nuestro país.
“Muchas son víctimas de violencia debido a una cultura machista. El hombre las puede estar matando y golpeando y algunas no se quejan, no reaccionan, porque fueron educadas para pensar que el marido tiene derecho a hacerlo”, nos ejemplifica Anny
Según datos de las Naciones Unidas, es mucho más probable que una mujer indígena sea objeto de violación que una que no lo es. Se estima que al menos una de cada tres mujeres indígenas en el mundo ha sido violada en algún momento de su vida.
Eliminando barreras
La educación es fundamental para salir adelante, piensa por su parte la profesora Anicia, pero considera que las ideas machistas impiden que tengamos igualdad de oportunidades. “Muchos padres y madres no dan importancia a la educación de las mujeres porque piensan que es el hombre quien debe cargar con ellas. También porque a temprana edad salen embarazadas y porque ellas mismas sienten que existen para el cuido de la casa en espera del marido”, nos explica Anicia.
Estas son algunas razones que hacen más difícil que las mujeres indígenas nos formemos y tengamos una profesión que nos ayude a romper con el círculo de la pobreza, complementa Doris. Por su parte, la líder chorotega Daysi lo experimentó en carne propia ya que hasta ahora, a sus 42 años y con tres hijos, cursa el cuarto año de la carrera de Derecho.
“Estudiar ha sido difícil, he tenido muchos obstáculos. Mi marido no quería y me decía que quién iba a cuidar la casa y nuestros hijos, pero lo he ido convenciendo de que estudiar es bueno porque puedo trabajar y ganar dinero”, nos comenta Daysi.
Tanto ella como Anicia, que se graduó a los 49 años, nunca tiraron la toalla y hoy se sienten realizadas. Por eso promueven que la juventud estudie y alcance sus metas, para que construyan un mejor presente donde se respeten sus derechos y los de sus comunidades.
Algunas demandas de las diferentes etnias…
Derecho y acceso a un territorio y propiedades
Respeto a la frontera agrícola que está acabando con los bosques y la armonía con la madre tierra
Que se apruebe la Ley de Autonomía de los Pueblos Indígenas del Pacífico, Centro y Norte de Nicaragua, pendiente a finales de agosto de este año
Que las y los funcionarios del Estado conozcan y dominen las lenguas de cada etnia, pues al no hacerlo crean una barrera para que las mujeres indígenas accedan a los derechos fundamentales como educación, justicia y salud
Formulación de políticas y programas de educación de calidad en las lenguas de cada etnia.
Campañas de visibilización y valoración de que las diferencias existen y que eso no debe ser motivo de discriminación• Censos poblacionales por grupos étnicos que también incluyan datos como la orientación sexual
Presupuesto para proyectos en beneficios de las mujeres indígenas, en especial lo que refiere a educación, salud, integridad física y mental y empleos dignos
Fuentes: Memoria del Foro Regional: Derecho, Género y Cultura: un desafío para el acceso a la justicia de la mujer multiétnica de la Costa Caribe, FED-Hivos 2010 y entrevistadas en este reportaje. Leyes a favor de los pueblos indígenas
En Nicaragua se han aprobado algunas leyes que reconocen sus derechos:
Ley 445: Ley del Régimen de Propiedad Comunal de los Pueblos Indígenas y Comunidades Étnicas de las Regiones Autónomas de la Costa Atlántica de Nicaragua y de los Ríos Bocay, Coco, Indio Maíz.
Ley 28: Estatuto de Autonomía de las Regiones de la Costa Atlántica de Nicaragua.
Ley 757: Ley de Trato Digno y Equitativo a Pueblos Indígenas y Afro descendientes.
Pendiente de aprobación la Ley de Autonomía de los Pueblos Indígenas del Pacífico, Centro y Norte de Nicaragua
El 2011 fue declarado por la Organización de Naciones Unidas como el Año Internacional de los Pueblos Afrodescendientes.
Fuentes documentales: El acceso a la justicia de las mujeres indígenas de Nicaragua, abogada María Luisa Acosta, Informe final 2007 del Instituto Interamericano de Derechos Humanos y Programa de Pueblos indígenas y derechos humanos * Costa Caribe: pluriétnica, multilingüe, ¿autonómica?, revista Envío 258 * Documentos del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de la Organización de Naciones Unidas: www.un.org/esa/socdev/unpfii/es/index.html *Día internacional de los pueblos indígenas, artículo de opinión de Galo Muñoz, publicado en El Nuevo Diario el 9 de agosto 2011 |
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